Guía completa

Un síntoma que se nota con las manos antes que con el motor

Cuando el volante empieza a costar más de girar, sobre todo en frío o al maniobrar despacio para aparcar, casi siempre el origen está en el circuito de dirección asistida: nivel bajo, líquido degradado o una fuga que ha ido vaciando poco a poco el depósito. Es un síntoma fácil de notar y, si se atiende a tiempo, una reparación sencilla.

Cómo lo revisamos

Empezamos por el nivel y el aspecto del líquido: si está oscuro o con partículas en suspensión, es señal de desgaste interno en la bomba, y conviene cambiarlo antes de que ese desgaste vaya a más. Después revisamos mangueras, cremallera y la propia bomba en busca de manchas de fuga, la causa más habitual de que el nivel baje sin que el conductor lo note hasta que el volante empieza a pesar.

Si solo hace falta reponer y purgar, es una intervención rápida. Si hay que vaciar el circuito completo o reparar una fuga en manguera o cremallera, el tiempo y el coste suben en consecuencia. En cualquier caso, usamos siempre el líquido con la especificación exacta que pide el fabricante: mezclar tipos distintos puede dañar las juntas internas del sistema.

Muchos coches actuales llevan dirección asistida eléctrica y no tienen este circuito. En esos casos, si el volante da problemas, revisamos el sensor de par y el motor eléctrico de la columna, que son los puntos habituales de fallo.

Si notas el volante más pesado de lo normal, llama al 641 16 17 71 y lo revisamos antes de que se convierta en una avería mayor.